No te entiendo.
Hay días en que eres justo como un muro,
y te comes la poca paciencia que tengo
hasta que haces que ya no pueda dejar de hablarte.
Sigo y sigo y sigo...
Hay días que incluso pareces una cocacola.
Destapo la botella o quito la anilla de la lata,
estoy deseando beber y cuando lo hago
no puedo parar porque siento las burbujas
por mi garganta y eso me gusta.
El problema es cuando paro de beber.
Me olvido por unos minutos y cuando vuelvo a probar,
ya no hay burbujas, hasta el día siguiente que me compre
una lata nueva; contigo es más o menos igual.
Eres como mi juego de mesa de la ruleta, lleva su tiempo pillarle el truco
y saber donde y cuando debes pararla.
Llegas a ser incluso más que un vicio,
más que algo que no puedo soltar.
Llegas incluso a mandar en mi vida, solo dependiendo
de la forma en que me saludes, ya sé de que humor voy a estar.
Pero puedo aguantar el tirón, soy insuperable.

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Gracias por añadir una tentación más (L)